
odos hemos tenido, o deberíamos tener, la suerte de conocer a una de esas personas especiales. Especiales por muchos motivos, y casi todos, por no decir todos, buenos.
Hace dos días, murió mi padre, una de esas pocas personas que, allí donde se encuentren, todo es alegría, todo es cordialidad. Él es una de esas personas que todos deberíamos conocer alguna vez para no perderla nunca. Pero la Ley Natural nos alcanza a todos.
El honor y la humildad que mi padre regaló a todo el que con él estuvo, se resume en unas palabras que él mismo escribió en su diario cuando se dio cuenta del poco tiempo que le quedaba.
En el Diario de mi padre, que mi hermana me enseño, habían escritas muchas cosas, pero estas palabras que aquí dejaré quedarán grabadas a fuego en mi alma y quiero mostrarlas a todos para enseñar la grandeza del mejor hombre que he conocido en mi vida.
En su diario escribió:
“Hoy la Dra. Llanos nos habla del mal que me aqueja. No tiene solución, y yo digo: que Dios me ayude en lo que pueda y yo procurare ser fuerte”.
30 / 03 / 2010
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