Historia  
 
 
 
 
 
 
 
 

3
HÓMOIOI 


esde el amanecer del tiempo nosotros vinimos y bajamos en silencio a través de los siglos, ayudando a muchas personas en secreto, muchos nos dan muchos nombres, nosotros tenemos el nuestro, el nombre por el cual nos conoce el Creador de estas y otras cosas, de estos y otros seres, de este y otros mundos, y éste, será mostrado a quien deba ser mostrado cuando el ave Fénix sea visible a los humanos marcando el comienzo del fin

Cuando era niño, en los últimos días del siglo pasado, estallo una gran estrella, una que había permanecido mucho tiempo suspendida en el cielo, entonces me dirigí a mi abuelo y le pedí una explicación sobre el significado de este signo. Mi abuelo me contesto, esa será la forma en la que nuestro mundo acabara, si la gente no cambia sus costumbres, el Gran Espíritu que se ocupa del mundo se enfadara y nos sucederá lo que a esa estrella

Ya han transcurrido 2160 años desde que el Sol y Piscis se aliaran, fue cuando Aries se retiro y dio paso al Pez, éste trajo a la Tierra un Maestro, Maestro de Maestros, el Hijo de Dios. Vino a predicar, vino a enseñar, y puesto que no se le hizo caso, ahora sea acerca el principio y el fin, se acerca la última y más cruel de las batallas, hombres contra hombres, Ángeles contra Ángeles, y todo transcurre aquí, donde yo estoy, deseo, que ahora que la muerte se acerca, quede en pie alguno de los que conmigo lucharon para poder contar un buen final.

 

El primer día Creó la luz, el segundo el cielo, el tercero la tierra y los mares y toda vegetación, el cuarto el sol y la luna y las estrellas, el quinto todos los animales vivientes en aguas, cielo y tierra,  el sexto Creó al hombre, y el séptimo… Tuvo que dejar la creación, tuvo que partir, no hubo descanso, pues Él nunca descansa.

Durante miles de años una parte de esa creación se nos había ocultado. Ésta empezaba así “En los principios la tierra era caos y confusión, oscuridad y un gran abismo, toda la tierra era un inmenso reino, un reino dominado por el que nunca fue nombrado, el reino de Aquel que anteriormente fue derrotado y encarcelado, el reino de quien durante más de 40.000 años había permanecido prisionero con cadenas de luz vibrante. Pero ahora todo empezaba de nuevo, y fuera cual fuera el final de la batalla, el destino de toda la humanidad, incluido el lugar donde habitaba ya estaba escrito.
“Empezaréis de nuevo pues habéis sido engañados por tercera y última vez. Ahora conoceréis. De esta lucha amanecerá un comienzo nuevo, o el verdadero final. El resultado dependerá de vosotros y el que logréis, será eterno….” “…aun así, recibiréis la última ayuda”

 

Hace seis años

23 de junio 2005, 16.30h, reserva india Lakota de Pine Ridge, Dakota del sur,  EEUU.

Nube Gris, era el viejo hombre medicina, al que todo nacido en la tribu en varias generaciones, ni lo habían visto crecer, ni lo habían visto envejecer, simplemente ya estaba cuando algunos vinieron al mundo, y esos mismos murieron dando el relevo a otros, generación tras generación. Él había visto llegar españoles, ingleses, franceses, holandeses y luego toda la desgracia del mundo blanco. Él era Wachisa Wakan, era Pejuta Wichasa, era Yuwipi, era Heyoka… era algo más que un simple hombre. Ocupado toda su vida al estudio de las plantas medicinales,  ha escuchar todo lo  Wakan Tanka había puesto en la tierra,  a dar sentido a los sueños y visiones de todo aquél que sintiéndose inquieto le visitaba, ha realizar las ceremonias sagradas, ceremonias ya perdidas, descendiente directo de una estirpe de hombres santos que se habían trasmitido conocimientos de generación en generación, una generación que había permanecido oculta desde muchos siglos antes de la llegada de una estrella que anunciaba que un Jefe de Jefes venía, y mucho antes de que en 1492 el hombre blanco comenzara apoderarse de su Madre, de su Abuelo Tunkasila, y de todo aquello que los había hecho bellos a los ojos del Creador. Ahora estaba preparado, había descifrado los signos, conocía las leyendas, sabía quien estaba por encima y sabía que quería, y conociendo estas cosas, preparo su espíritu para el Gran Viaje a los Siete Fuegos.
Eran las cuatro y media de la tarde, Nube Gris disponía lo necesario para realizar la ceremonia Inipi para un joven que llevaba dos días con fiebres elevadas, y cuyo origen, la medicina de aquel hombre blanco que llego al poblado para tratar al muchacho, desconocía. Durante el transcurso de la ceremonia ocurrió algo terrible, el Wichasa Pejuta que acompañaba a Nube Gris en el ritual, vio caer al anciano en un estado de coma tras ser golpeado por lo que pareció ser un estridente aullido, y a la vez, el joven al que trataban de curar, murió tras un espasmo muscular tan horrible, que pareció, por el sonido de su cuerpo retorciéndose, haberle quebrado todos los huesos.

23 de junio 2005 16.30 h, templo del Doi Suthep montañas de Chiang Mai (Tailandia).

El viejo Abbot estaba inmerso en la meditación, una meditación que había practicado desde que sus padres lo dieran en adopción al templo cuando tan solo contaba con tres años de edad, era la época de Sukothai, la época del gran Ramkahaen. Su vida estuvo dedicada en exclusiva al crecimiento interior, a cultivar y hacer crecer la mente y el espíritu, lo que le había proporcionado un conocimiento superior. Un conocimiento que le había llevado a descubrir en ciertas ocasiones, cosas ajenas a este mundo, y en otras, hechos que estaban por pasar y que el tiempo dio, desgraciadamente, por ciertos. Todo aquel conocimiento en el que fue iniciado, se debió al empeño de su viejo maestro, fallecido en épocas de Naresuan el Grande, y que él mismo no llego entender del todo hasta el día en que le habló de una gran guerra y quien estaba oculto detrás de ella. Le habló de cómo durante muchos meses recorrió los caminos para llegar a una tierra que parecía ser de fuego, una tierra que era gobernada por dos iguales, una tierra donde todos los hombres eran guerreros y filósofos. Le conto como puso en conocimiento de los dos reyes lo que nadie veía y que era la causa de tanta desgracia, pero ninguna comparada con lo que ocurría si no vencían, y aunque aquella lucha fue ganada, la Criatura logro escapar. Aquella narración quedo grabada en su memoria como si la hubieran tatuado los monjes del templo. La historia fue sorprendente, el maestro hablaba de un tiempo tan lejano, que de no ser por todo lo aprendido, jamás podría haber creído, en aquella época tan solo era un novicio y su vida era corriente y placentera.

Pero aun más que la narración de aquél episodio, recordaba lo que tras dos horas de meditación, seguidas de otras dos de cantos le comunicaría después:

Khum el buen Buda me dijo “ tu  vida en la Tierra será  larga, y tu misión consistirá en encontrar y preparar un discípulo que conocerá todas las artes, un discípulo que jugará un papel vital en algo que tendrá que venir, un discípulo que se perpetuara en vida tanto como sea necesario,  alguien a quien la sagrada ley del Nirvana le será ajena hasta que cumpla su destino, pero para que tu puedas enseñar, primero tendrás que aprender, si él falla, regresare a la Tierra por quinta vez”.

Ya lo creo que aprend (le dijo su maestro), llevo más de dos mil años aprendiendo, pero por fin a llegado la hora del discípulo, ese discípulo eres tú querido Khum; -dijo el maestro-. Ya estas preparado, y mi hora para el Nirvana ha llegado.

Esas fueron sus últimas palabras.

Khum, en escasas ocasiones y dependiendo de lo que solo él sabía, (tal y como aprendió de su maestro), abandonaba su retiro y advertía de algún hecho venidero, como era de esperar, aquellos pocos a los que acudió, y no le escucharon, sufrieron grandes males que recayeron sobre muchas personas, aun recordaba como años atrás cruzo la frontera con Camboya para advertir de una persona que venia con un gran y malvado poder, aquello casi le costo la cárcel de no ser por otro monje camboyano que intervino en su favor, pero para desgracia del pueblo camboyano, nadie escucho al viejo de la túnica azafrán y millones de personas sufrieron y murieron en nombre de una supuesta ideología carente de virtud alguna.

Eran las cuatro y media de la tarde cuando todos en el templo pudieron oír un estridente aullido, un aullido cuyo sonido recorrió las montañas y valles desde lo alto del templo, un aullido que se asemejaba más al más terrible de los sufrimientos, que al aullido de un animal. Los tres monjes más ancianos, los únicos que tenían contacto personal con el viejo maestro acudieron rápidamente al lugar de donde provenía, encontraron al Abbot sumido en un profundo sueño del que no despertaba.

 

Seguir leyendo >>